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C.C.U.N.T.E.U.C. C45

 


    Se oyó un sonido de risa muy dĆ©bil, tan silencioso que uno nunca podrĆ­a oĆ­rlo sin prestar mucha atención.

Y Theodore oyó ese sonido.

“Parece que le gusta.”

Una pequeña sonrisa apareció también en los labios de Theodore. Parecía como si la misteriosa fragancia de Lenatis se filtrara por la rendija de la puerta.

Definitivamente era un olor dulce, pero no como el del azĆŗcar o la miel. Su fragancia no era excesivamente dulce.

Un aroma dulce que florece tƭmidamente desde una flor muy pequeƱa.

Ese era el olor que provenĆ­a de Lenatis. Por lo tanto, Theodore siempre sabĆ­a cuando Lenatis estaba cerca por su olor.

La pƔgina del libro que sostenƭa hacƭa rato que habƭa dejado de pasar a la siguiente pƔgina.

Como siempre, cuando Lenatis estaba cerca de Ʃl, o cuando pensaba en ella en su mente.

-QuizƔs termine haciƩndote daƱo.

Theodore miró fijamente la puerta cerrada, pero lo que en realidad estaba viendo no era la puerta, sino su propia mano, que había visto en un sueño hacía unos días.

Una mano manchada de rojo por la sangre, de quien no podƭa decir de quiƩn era.

'Tal vez una bruja me haya hechizado.'

Theodore recordó el beso de Lenatis.

El suave tacto que tanto habƭa deseado, sus respiraciones rƔpidas y su dulce aliento.

Y ese beso, que para él parecía la salvación.

«QuizĆ”s todo esto sea sólo un error mĆ­o».

Theodore recordó el cÔlido abrazo de Lenatis.

Su cÔlida voz que, por primera vez, lo llamó niño lastimoso y le dijo que todo estaría bien.

Fue la primera vez en la vida de Theodore que sintió una sensación de alivio.

“No importa quĆ© tipo de mujer seas”.

Un murmullo silencioso se escapó de los labios de Theodore.

En el momento en que Theodore vio a Inst sujetando la muñeca de Lenatis, tomó una decisión. Para ser precisos, tomó una decisión en el momento en que se dio cuenta de su propia ira al ver esa escena.

Decidió asegurarse de que ningún otro hombre pudiera volver a sostener esa mano.

Theodore comprendió los sentimientos de un dragón que había secuestrado a una hermosa princesa.

Sabiendo que era un dragón temible, y tal vez incluso sabiendo que podría dañar a la princesa, comprendió perfectamente el sentimiento de finalmente secuestrarla y encerrarla en una torre alta.

Incluso el acto de matar a todos los hƩroes que vinieron a salvar a la princesa.

“Incluso los monstruos tienen cosas que desean”.

Estaba mƔs allƔ de esa puerta.

MÔs allÔ de la puerta que aún no se podía abrir.

                                  * * *

Hoy habƭa dos tazas de tƩ.

"Suspiro……"
.
Y allƭ estaba yo, suspirando mientras miraba esas dos tazas de tƩ frente a la puerta de Theodore.

Cuando escuchƩ que la bella pero traviesa jovencita del Conde estaba de visita nuevamente, considerƩ seriamente fingir que estaba enfermo por un momento.

O tambiƩn pensƩ en decirle a Ordi que de repente sentƭ una necesidad urgente de descansar.

Sin embargo, decidĆ­ no hacerlo porque querĆ­a cumplir mi palabra anterior.

Habƭa dicho en voz alta que practicarƭa diligentemente el tiro con arco y servirƭa tƩ, y Theodore habƭa creƭdo en mis palabras.

No querĆ­a traicionar su confianza.

-Bueno, de alguna manera todo saldrĆ” bien.

Cuando llamƩ a la puerta, las dƩbiles voces del otro lado se detuvieron momentƔneamente.

Al abrir la puerta y empujar el carrito hacia adentro, inmediatamente sentĆ­ miradas penetrantes.

Sin embargo, mantuve la cabeza gacha, fingiendo no notar esas miradas. En verdad, no habƭa nada mƔs que yo, una simple sirvienta, pudiera hacer por ella, la joven dama del Conde.

“El tĆ© de hoy es una mezcla de naranjas secas y hierbas. Para la merienda, tenemos galletas con mermelada de higos, financiers de limón y canelĆ©s de chocolate”.


El tƩ fue mezclado por la propia seƱora Rita y los productos horneados fueron obtenidos de una pastelerƭa muy famosa.

Los hermosos pasteles, cuyo mero aroma hacĆ­a agua la boca, parecĆ­an demasiado buenos para ser regalados a aquella malvada jovencita.

Aun así, demostré profesionalismo al no mostrar ningún signo de renuencia y preparé el té.

"Espera un momento."

Mientras vertía agua en la tetera y estaba a punto de colocar los deliciosos pasteles en la mesa mientras se preparaba el té, la joven condesa levantó la mano para detenerme.

-¿No estĆ”s un poco sucio?

"¿Disculpe?"

“Parece que tĆŗ tambiĆ©n hueles a sudor.”

Su hermosa frente se arrugó levemente y al mismo tiempo, mi cara se puso roja de vergüenza.

Me era imposible oler a sudor. Habƭa entrenado con Inst esa maƱana. Naturalmente, sudƩ profusamente mientras corrƭa hasta que pensƩ que me morirƭa, haciendo sentadillas como un loco y haciendo muecas mientras hacƭa flexiones durante tres horas.

Sin embargo, me duchƩ justo despuƩs del entrenamiento y siempre me lavƩ bien las manos antes de servirle el tƩ a Theodore. Hoy no fue diferente.

—Ah, no me has entendido. Me he lavado bien.

—Entonces, ¿estĆ”s diciendo que estoy inventando cosas?

No me miró con fiereza, simplemente me miró como si mis palabras no tuvieran ningún sentido.

“……”

Esa mirada me hizo cerrar la boca, pero mis glƔndulas lacrimales estaban a punto de abrirse.

"¿Cómo puede ser tan quisquillosa? ¡Y decir que estoy sucia y apestosa delante de Theodore es demasiado!"

Fue injusto. Y no poder expresar lo injusto que me parecía lo hizo aún mÔs injusto.

“Abre un poco la ventana.”

Ante las palabras de Theodore, girƩ la cabeza para mirarlo.

¿Abrir la ventana? ¿Seguramente Theodore no creerĆ” que huelo demasiado?

¡De ninguna manera! No podrĆ­a oler bien, ¿o sĆ­?

Intenté evaluar los pensamientos de Theodore por su expresión, pero su rostro era tan inexpresivo que fallé.

"SĆ­."

Conteniendo las lÔgrimas, abrí la ventana y entró una fresca brisa otoñal.

“Si no es de mala educación preguntar, ¿puedo preguntarle cuĆ”l es su tipo ideal?”

La voz de Theodore a mis espaldas me dejó paralizada por un momento. Por alguna razón, mi corazón pareció dar un vuelco.

'¿Por quĆ© preguntarĆ­a eso?'

QuerĆ­a preguntarle a Theodore.

—Seguro que no le gusta ese zorro, ¿verdad?

QuerĆ­a discutir.

—¡Ella no, de ninguna manera! ¡No es nada comĆŗn!
QuerĆ­a agarrar a Theodore por el cuello y gritar.

“……”

En realidad, volvƭ a colocar tranquilamente el plato de galletas sobre la mesa y me quedƩ mirando la tetera, que estaba preparando tƩ de un hermoso color.

Ellos eran nobles y yo era una criada que servƭa tƩ.
EstƔbamos en el mismo espacio, pero ellos y yo estƔbamos en dimensiones diferentes.

De nuevo sentƭ ganas de llorar. Era un hecho y una verdad que ya conocƭa, pero no podƭa entender por quƩ me sentƭa tan triste e injusto precisamente hoy.

"Oh, Dios mƭo, quƩ grosero de mi parte".

A diferencia de mi estado de Ɣnimo, que estaba tocando fondo, la joven, ya fuera Pasture o Mulpasture, parecƭa estar de muy buen humor.
Si, debe ser eso.

“Me gustan los hombres reservados. Detesto totalmente a los hombres frĆ­volos que sólo se adaptan a los gustos de las mujeres”.

Ella comenzó a describir su tipo ideal con una sonrisa.

“No me importa mucho la apariencia. Me fijo en el yo interior de la persona”.

Esto parecƭa ser cierto. Ella definitivamente parecƭa mirar mƔs allƔ de la apariencia de una persona y fijarse en sus cualidades internas, como su estatus, poder o riqueza, por ejemplo.

“Y estarĆ­a bien que a Ć©l tambiĆ©n le guste leer como a mĆ­. Creo que estarĆ­a bien que leyĆ©ramos juntos o que nos recomendĆ”ramos buenos libros”.

Eso debe haber sido algo que ella aprendió al escuchar que Theodore lee muchos libros.

Honestamente, a ella le convenƭa mƔs sentarse frente a un tocador que sentarse en un estudio leyendo libros.

"Me pregunto cuƔl es el tipo ideal de Lord Theodore".

Era una pregunta llena de una sutil expectación. Seguí fingiendo no oír nada y levanté la tetera. El té goteó de la tetera a la taza, produciendo un sonido claro.

“Bueno, no tengo un tipo ideal especĆ­fico. Sin embargo, definitivamente hay personas que no me agradan”.

Y entonces, la voz de Theodore se entremezcló en mi interior.

“Lo que mĆ”s detesto es a las personas violentas. Los humanos somos seres inteligentes que nos comunicamos a travĆ©s del lenguaje y transmitimos conocimientos a las generaciones futuras. Quienes recurren a la violencia salvaje para resolver problemas estĆ”n renunciando a su dignidad humana. Por eso, yo tambiĆ©n no puedo evitar verlos como menos que humanos”.

Por un breve instante, el sonido del té cesó. Sin darme cuenta, detuve mi mano y miré a Theodore con los ojos muy abiertos.

Su rostro aún no mostraba ninguna expresión particular. Simplemente estaba diciendo su opinión con calma.

'¿Estoy siendo demasiado sensible?'

Haciendo como si me hubiera detenido a propósito, comencé a servir té en la taza que estaba a mi lado.

“AdemĆ”s, detesto mucho a las personas maleducadas. Por ejemplo, aquellas que entran en la casa de alguien sin invitación o que manipulan las pertenencias de otra persona sin permiso”.

Tras las palabras de Theodore, esta vez puse los ojos en blanco y mirƩ a la joven Fulana de Tal. Su rostro estaba pƔlido de miedo.

Ella estaba sintiendo lo mismo que yo habĆ­a sentido.

'Theodore sabe de ese incidente. ¡Lo sabe todo y ahora estĆ” poniendo nerviosa a esta mujer!'

“SeƱor Theodore……”

La joven gritó el nombre de Theodore con voz temblorosa.

“AĆŗn no he terminado de hablar.”

La voz firme de Theodore la interrumpió bruscamente. Vi cómo la condesa se estremecía ante su tono severo.

Cuando ella miró hacia otro lado avergonzada, vi una breve sonrisa en el rostro, por lo demÔs inexpresivo, de Theodore.

Theodore claramente estaba disfrutando la situación.

Y no puedo decir que no lo era.


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