C.C.U.N.T.E.U.C. C40
“Ah~. ¡Eso estuvo delicioso!
Estaba tan bueno que comĆ sin pensar y, antes de darme cuenta, las abundantes batatas que traje se habĆan acabado. Estaba seguro de que querĆa mostrarle a Theodore lo sabrosos que estaban, pero parece que terminĆ© comiendo mĆ”s.
"Tienes algo aquĆ".
VolviƩndome hacia la voz de Theodore, lo vi seƱalando la comisura derecha de su boca con el dedo.
Al no ver nada allĆ, me di cuenta de que querĆa decir que tenĆa algo en la boca.
"Oh, ¿aquĆ?"
Mientras iba a limpiarme la boca con la mano, me di cuenta de que mi guante estaba mƔs sucio. Probablemente la mancha en mi boca fue causada por este guante.
RĆ”pidamente me quitĆ© el guante y me limpiĆ© la boca con la mano. Por un momento sentĆ la mirada de Theodore fija en mĆ.
'Espera, ¿no es esto como una escena de un romance?'
La torpe protagonista femenina se mete algo en la boca y trata de limpiarlo con la mano, pero el protagonista masculino dice que no estĆ” allĆ y se lo limpia. Entonces sus miradas se encuentran y sus corazones palpitan.
¡¡Y lo que sigue naturalmente es un beso!!
Por supuesto, no hubo tal escena romĆ”ntica. AllĆ, incluso antes de que nuestras miradas se encontraran, Theodore ya…
Oh, no. ¡Es casi como un acoso imaginar una escena asĆ frente a Ć©l!
"¿EstĆ” eso aquĆ?"
"SĆ. AsĆ es."
Ante mi pregunta, Theodore asintió como si quisiera decir que estaba exactamente allĆ. A diferencia de la heroĆna de una novela romĆ”ntica, encontrĆ© la mancha de una sola vez.
"Bueno, por supuesto."
AsentĆ para mis adentros. Ćsta no era una novela romĆ”ntica comĆŗn y corriente, ni yo era la heroĆna de ninguna.
"Pero."
HabĆa una cosa que habĆa pasado por alto.
Theodore era el protagonista masculino de una novela romƔntica, aunque trƔgica.
“Parece que tambiĆ©n tienes hollĆn en las manos”.
Mirando hacia abajo, tal como dijo, habĆa hollĆn en mis manos. Llevaba guantes, pero parecĆa que se habĆan filtrado finas partĆculas de hollĆn en el interior.
“Tu cara se ha vuelto mĆ”s sucia.”
La mano de Theodore se extendió hacia mĆ, como en una novela romĆ”ntica.
'¡QuĆ© tengo que hacer!'
Mi corazón empezó a latir con fuerza, como en una novela romÔntica.
Cuando los largos dedos de Theodore tocaron algĆŗn lugar entre mi mandĆbula y mi mejilla, mi corazón, que ya palpitaba, comenzó a latir aĆŗn mĆ”s rĆ”pido.
Los ojos morados de Theodore me miraban. Sus largos dedos tocaban mi cara.
Y mi corazón se aceleró.
"Esto no estĆ” funcionando bien".
Sus dedos frotaron suavemente mi mejilla y luego, brevemente, sus dedos tocaron mis labios.
En ese momento, sin darme cuenta, mis dedos de los pies se curvaron por la tensión. No fueron solo los dedos de los pies los que se tensaron.
Mis manos que apretaba por el nerviosismo, mis hombros y hasta mi estómago lleno de los camotes que acababa de comer sentĆan la misma tensión.
En el momento en que el dedo de Theodore tocó mis labios, me congelé por completo.
¡AdemĆ”s, mi corazón, que habĆa estado acelerando como loco, de repente se negó a latir y simplemente cayó con un ruido sordo!
"DeberĆa haber un paƱuelo en alguna parte".
En el momento en que la mirada de Theodore se apartó de mà para buscar el pañuelo, de repente recobré el sentido.
¿EstĆ” bien mi corazón? Se sintió como si simplemente cayera al suelo.
No, incluso antes de eso, ¡pareció detenerse por un momento! ¿No se muere si el corazón se detiene? ¡¿TodavĆa estoy vivo ahora mismo?!
Mientras concentraba cuidadosamente mi mente, afortunadamente mi corazón latĆa bien. ParecĆa latir un poco mĆ”s rĆ”pido de lo habitual, pero por el momento estaba a salvo.
“Ah, no. ¡Estoy bien! De lo contrario, el paƱuelo se ensuciarĆ””.
Le gritƩ a Theodore que buscaba apresuradamente su paƱuelo.
“EstĆ” bien si mi cara tambiĆ©n queda ahĆ”.
“¿Poner la cara en la lavanderĆa…?”
“¡Ah, no! Quiero decir, no poner mi cara en la ropa, pero solo necesito limpiarla, asĆ que me refiero a lavarme. ¡Necesito lavarme rĆ”pido!
Llevando la bandeja con pieles de camote y guantes, salté de mi asiento y salà corriendo de la habitación antes de que Theodore pudiera decir algo mÔs.
* * *. * * *
Apenas debĆa haber pasado un minuto desde que Lenatis salió corriendo de la habitación cuando de repente la puerta se abrió de golpe.
"EstƔ bien, el paƱuelo se puede poner en la lavadora". [1]
Cuando Theodore volvió la cabeza, vio a Lenatis con el rostro rojo como un tomate maduro.
"Me fui sin encenderte la chimenea".
Sólo entonces Theodore recordó que Lenatis habĆa venido inicialmente a encender el fuego de la chimenea.
De alguna manera, se convirtió en una fiesta de batatas en medio de la noche.
“Hoo~ Hoo~”.
El sonido del aire soplando en el fuego de carbón hizo cosquillas en los oĆdos de Thodore.
El cabello rosado, tupido y flotante, revoloteaba con cada respiración.
Al ver esto, una sonrisa maliciosa apareció en los labios de Theodore.
Era un pelo divertido. Y ella era una chica divertida.
Lenatis la criada. O tal vez la bruja.
Ella sacaba platos de sabor imperceptible, declaraba atrevidamente delante de Ć©l que estaba ahorrando dinero para abandonar esta mansión e incluso lo animaba a comer batatas con las manos untadas de hollĆn negro.
"Y luego dijo que pondrĆa su cara en la lavanderĆa".
Al recordar lo que Lenatis habĆa dicho hace un momento, con el rostro sonrojado, la sonrisa de Theodore se hizo mĆ”s profunda.
Theodore sabĆa claramente por quĆ© el rostro de Lenatis se habĆa puesto rojo y por quĆ© estaba tan nerviosa. Era porque su mano le habĆa acariciado el rostro y tocado sus labios.
La reacción de Lenatis a cada una de sus acciones también fue una provocación divertida para Theodore.
'¿Y si hubiera tocado mĆ”s sus labios?'
Su cara podrĆa haberse puesto aĆŗn mĆ”s roja. QuizĆ”s tambiĆ©n en otros lugares.
'¿Y si hubiera tocado en otro lugar?'
¿Ella lo habrĆa permitido? ¿O se habrĆa escapado?
¿Hasta quĆ© punto se lo permitirĆa ella, que no estĆ” al borde de la locura? O, si pretendĆa estar perdiendo el control, ¿hasta dónde podrĆa llegar?
Siguieron surgiendo preguntas dentro de Theodore.
—¿Sabe ya que el hollĆn que tenĆa en la cara era mentira?
No. Ella no lo sabrĆa.
Lenatis no habrĆa sabido que, para empezar, nunca hubo hollĆn en su rostro, que en realidad era la mano cubierta de hollĆn de Theodore la que ahora habĆa manchado su rostro, que Theodore habĆa mentido simplemente por un impulso de tocar su rostro, que Una chica inocente no podrĆa haberlo sabido.
"Si le diera un mordisco, parece que tendrĆa un sabor dulce".
La idea de que el cabello de Lenatis, como nubes de algodón de azúcar rosa, pudiera tener un sabor dulce era una idea absurda incluso para el propio Theodore. Un cabello humano de sabor dulce, por cierto.
Pero de alguna manera, el cabello de Lenatis parecĆa que podrĆa ser solo eso. A diferencia de la gente comĆŗn, parecĆa que podĆa tener un sabor dulce.
En realidad, sus labios eran dulces.
¿Dónde mĆ”s que sus labios? La saliva que bajó por su garganta, su ligero aliento e incluso el sudor que se filtró levemente.
Theodore ya sabĆa que todo en Lenatis era dulce.
—¿Cómo es posible? ¿Porque es una bruja?
Aunque sabĆa que era una razón sin sentido, Theodore intentó justificarla con una explicación imposible.
Cada vez que Lenatis estaba cerca, se encontraba mirƔndola, y cuanto mƔs la miraba, mƔs pensaba en ella.
Si tenĆa sentido o no.
'No. ¿Pienso en ella incluso cuando no estĆ” cerca?
QuizĆ”s ese fue el caso. Hace apenas unos momentos, se habĆa estado preguntando quĆ© podrĆa estar haciendo Lenatis ahora mismo cuando apareció.
'Alguien que le guste...'
Los pensamientos que habĆan estado rondando por la mente de Theodore llegaron al punto en que Lenatis mencionó "alguien que le gusta".
Y mientras pensaba en esto, el rostro de Teodoro se endureció sin que él se diera cuenta.
El rostro sonriente de Lenatis en ese momento era uno que incluso un extraƱo podĆa reconocer claramente como alguien pensando en su persona mĆ”s querida en el mundo.
ParecĆa feliz, cĆ”lida y absolutamente hermosa.
"..."
Apretando el puño y apretando los dientes, Theodore pensó en la persona desconocida que estaba imaginando.
Sin embargo, cuando el cabello rosa revoloteando llamó su atención, la tensión que habĆa tensado su cuerpo naturalmente se alivió.
"Bueno, no importa".
Una sonrisa perezosa volvió a los labios de Theodore.
Lenatis estuvo aquĆ. No dentro de la mirada de ese tipo desconocido, sino dentro de la propia mirada de Theodore.
Al alcance de su mano para tocar el cabello rosado de Lenatis, para sentir su suave mejilla, para acariciar su suave piel blanca, para presionar sus labios contra los tiernos.
El bastardo desconocido no estaba aquĆ en ese momento.
"Todo estĆ” hecho, Lord Theodore".
Cuando Lenatis se dio la vuelta, Theodore ya habĆa ocultado por completo la sonrisa en sus labios, tan rĆ”pido como una bestia felina retrae sus afiladas garras.
"Ah, ya veo."
Tal como habĆa dicho Lenatis, llamas rojas ardĆan dentro de la chimenea, proyectando una luz brillante y un aura cĆ”lida a su alrededor.
"Lo has hecho bien."
Sin embargo, lo que estaba encendiendo lentamente a Theodore no era el fuego de la estufa.
Era la mujer frente a Ć©l quien encendĆa constantemente la pequeƱa llama dentro de Ć©l, cuya identidad aĆŗn desconocĆa.
Theodore fue sin duda el protagonista masculino de una trƔgica historia del R-19.
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