Cap.59 -El enfermizo Ayudante del protagonista masculino es mi tipo.
Carinne habĆa estado buscando diligentemente en la plaza principal, pero no pudo encontrar a Archen por ningĆŗn lado. ¿PodrĆa haber regresado ya a la mansión?
Después de reflexionar un poco, ella negó con la cabeza.
En la prisión, habĆa estado muy preocupado por ella. No habĆa manera de que se hubiera ido sin ver el resultado del juicio. AdemĆ”s, el duque Lucas todavĆa estaba aquĆ. HabĆan venido en el mismo carruaje, por lo que saldrĆan en el mismo carruaje. Eso significaba que tenĆa que estar en algĆŗn lugar cercano.
Carinne, que habĆa estado dando vueltas por la plaza principal, decidió aventurarse un poco mĆ”s, por si acaso. Tal vez se habĆa distraĆdo con el olor a jabón y estaba curioseando en la jabonerĆa. Tiempos desesperados exigĆan medidas desesperadas, asĆ que decidió visitar la tienda de jabones.
Las calles mĆ”s allĆ” de la plaza estaban sorprendentemente desiertas. ParecĆa que todos habĆan ido a la plaza principal a rezarle a la santa.
Revisó el interior de cada tienda a travĆ©s de los escaparates, considerando todas las posibilidades. HabĆa algunos callejones en las afueras de la ciudad, aunque pensó que no habĆa manera de que Ć©l abandonara la carretera principal por un callejón, asĆ que los saltó.
Entonces, Carinne vio un carruaje negro familiar.
Era el carruaje del Primer Ducado.
¿PodrĆa estar dentro? Un pensamiento inmediatamente cruzó por su mente. El hombre que habĆa conocido hoy tenĆa cĆrculos oscuros bajo los ojos. Era obvio que habĆa pasado la noche escribiendo la lista de preguntas. DebĆa estar exhausto por la falta de sueƱo, asĆ que tal vez se habĆa quedado dormido en el carruaje.
Se apresuró a comprobar el interior del carruaje, pero... el que dormĆa profundamente dentro no era Archen, sino el cochero.
Ahora, la jabonerĆa era la Ćŗnica opción que quedaba.
Estaba a la vuelta de la esquina y ella estarĆa allĆ en un par de callejones. Mientras Carinne se apresuraba hacia la tienda, de repente sintió un escalofrĆo en la espalda y se detuvo.
Estaba frente a un callejón estrecho.
Los techos estaban enredados al azar, haciendo que el interior fuera oscuro y difĆcil de ver. No habĆa manera de que Archen estuviera en un lugar como este. DespuĆ©s de todo, ¿quĆ© podrĆa estar haciendo en un callejón? No estarĆa durmiendo en el suelo, ¿verdad? ¿Quedarse aquĆ?
Eso fue ridĆculo.
Carinne sacudió la cabeza con firmeza para deshacerse del pensamiento absurdo y comenzó a caminar hacia la tienda nuevamente. Si Ć©l tampoco estaba en la tienda de jabón, entonces ella debió haber tomado mal las direcciones y lo habrĆa encontrado si hubiera regresado a la plaza principal.
Dio unos pasos hacia la tienda, luego… volvió al callejón.
Un extraƱo escalofrĆo se filtraba desde el callejón oscuro.
Archen no estaba aquĆ, eso era seguro... pero ¿por quĆ© sentĆa que tenĆa que visitar este lugar? Una vez mĆ”s, una sensación de hormigueo recorrió su columna. Todo su cuerpo le decĆa que revisara su interior. Fue un impulso intenso, una intuición instintiva.
Habiendo tomado una decisión, salió al callejón.
No habĆa dado unos pasos cuando un olor acre llegó a sus fosas nasales. Oh no, ¿estaba a punto de presenciar la escena de un crimen? Con el corazón acelerado, Carinne miró hacia el final del callejón y… lo vio desplomado contra la pared.
"... ¿Archen?"
No querĆa creer que el hombre sentado allĆ fuera Ć©l.
De ninguna manera. No podrĆa ser…
HabĆa muchas rubias, asĆ que debe ser alguien mĆ”s con el mismo color de cabello. Sin embargo, el hombre vestĆa un abrigo azul y los aretes que brillaban en sus orejas eran los aretes de aguamarina en forma de lĆ”grima que ella conocĆa tan bien.
Carinne evitó el charco de sangre sobre los adoquines y se acercó al hombre. Estaba sentado con una rodilla apoyada contra la pared y la cabeza gacha. Sus manos colgaban flÔccidas a los costados.
Rezando para que no fuera él, rezando para que fuera otra persona que llevara la misma ropa y pendientes, se inclinó y examinó el rostro del hombre.
“¡Archen!”
Ah, era Ʃl.
Su rostro estaba pĆ”lido, casi azul, y sus labios morados. Su camisa estaba empapada de sangre y sudor frĆo, y su mejilla estaba helada al tacto. TenĆa ganas de llorar.
Esto no puede estar pasando.
Esto no deberĆa estar pasando.
Carinne habĆa intentado con todas sus fuerzas salvarlo y pensó que lo habĆa logrado. HabĆa bajado la guardia y esto fue lo que pasó.
“¿Por quĆ©… cómo pudo pasar esto…”
Mientras se hundĆa en el suelo y murmuraba mientras sollozaba, notó algo extraƱo. No habĆa heridas en su cuerpo, por muy de cerca que mirara. Si habĆa perdido tanta sangre, definitivamente deberĆa haber una herida grande en alguna parte.
Mientras Carinne examinaba las manchas de sangre, vio la sangre en la comisura de su boca y las manchas extraƱamente concentradas en la parte superior de su cuerpo, y se dio cuenta de dónde habĆa venido la sangre.
'... ¿Vomitó sangre?'
Y muchĆsimo tambiĆ©n. ¿QuĆ© pudo haberle hecho vomitar tanta sangre? Sin embargo, si vomitó la sangre de su boca, eso significaba que no habĆa estado sangrando continuamente...
Carinne colocó urgentemente su mano en el lado izquierdo de su pecho. PodĆa sentir los dĆ©biles latidos de su corazón a travĆ©s de la palma de su mano.
…Ćl todavĆa estaba vivo.
Cuando se dio cuenta de esto, el cielo, que habĆa estado oscuro y sombrĆo, pareció iluminarse. Su mente se aclaró como el cielo que se habĆa despejado.
TenĆa que llevarlo a la mansión de inmediato.
Tuvo que acostarlo en una cama blanda y llamar a un mĆ©dico. Tuvo que darle medicinas y tratarlo. Aunque primero tuvo que sacarlo del callejón. No podĆa cargarlo sola, por lo que tuvo que pedir ayuda a alguien cercano.
Carinne salió corriendo a la calle y se detuvo cuando vio un carruaje que estaba a punto de partir. El cochero, que hacĆa un momento dormĆa profundamente, ahora estaba sentado en el suelo con los ojos bien abiertos.
El duque Lucas, que habĆa reconocido a Carinne a travĆ©s de la ventana, salió del carruaje y preguntó.
"¿QuĆ© estĆ”s haciendo aquĆ?"
ParecĆa que el duque estaba a punto de ir a Archen en el carruaje.
Carinne llevó al Duque al callejón. Lo que pasó despuĆ©s fue borroso. Los dos trabajaron juntos para llevar al inerte Archen al carruaje. No habĆa tiempo que perder. Para ahorrar tiempo en llegar a la plaza central, envió al cochero a buscar a Iris. QuerĆa contarle lo que habĆa pasado y adónde ir.
Mientras tanto, el duque Lucas ocupó el asiento vacĆo del cochero.
El carruaje corrió hacia la cercana mansión del Segundo Ducado. Apoyó el cuerpo de Archen contra su hombro mientras el carruaje temblaba. No le importaba que su sangre manchara su ropa. Ella calentó su cuerpo refrescante con su propio calor y siguió orando.
Por favor no mueras.
Si podĆa salvarlo, no le importaba nada mĆ”s. No le importaba si perdĆa todo su dinero o si tenĆa que renunciar a su puesto de Princesa del Segundo Ducado. Ni siquiera le importaba si tenĆa que volver a pasar por los juicios de brujas.
…Si tan solo pudiera volver a estar sano como antes.
“Ya casi llegamos, asĆ que esperen un poco mĆ”s. Solo un poco mĆ”s largo…"
Su respiración era escasa, como si pudiera detenerse en cualquier momento. No podĆa apartar los ojos de su pecho, que subĆa y bajaba ligeramente.
El tiempo en el carruaje pareció una eternidad.
Cuando finalmente llegaron al Segundo Ducado, el Duque Lucas lo llevó adentro. Carinne llevó al duque a su habitación. El duque lo acostó en la cama de Carinne.
Una cosa estaba hecha y ahora era el momento de pasar a la siguiente.
El Ćŗnico problema era que quedaban muy pocos sirvientes en la mansión. DespuĆ©s de que las criadas que creĆan que Carinne era una bruja renunciaron, solo quedaron dos sirvientes en la mansión. Una solterona que habĆa estado con la duquesa Tricia desde que se construyó la mansión y un chef tonto que no sabĆa nada sobre el juicio, eso era todo.
Aun asĆ, fue mejor que nada.
DespuĆ©s de decirle a la criada que llamara a un mĆ©dico y al chef para preparar un poco de sopa, limpió diligentemente la cara de Archen con una toalla empapada en agua tibia. Dejó escapar un leve gemido cuando la toalla tocó su frente. A juzgar por la forma en que aleteaban sus pĆ”rpados, estaba luchando contra un dolor en el lĆmite entre la conciencia y la inconsciencia.
El duque se sentó junto a Carinne y lo observó. Sus ojos rojos estaban inusualmente sombrĆos, pero no estaba claro si era porque estaba preocupado por Archen o porque estaba pensando en otra cosa.
“¿Puedes ayudarme a cambiarle de ropa?”
DespuĆ©s de limpiarse toda la sangre de la cara, Carinne sacó un camisón limpio del armario. No podĆa permitir que siguiera usando la camiseta empapada de sangre y sudor.
El Duque la miró con cara hosca como si le preguntara por qué estaba haciendo todo eso, pero de mala gana dejó que ella lo ayudara cuando ella lo fulminó con la mirada.
Después de limpiarle la sangre del pecho y cambiarse de ropa, se sentó en la silla junto a la cama y suspiró.
RĆ”pidamente se levantó y miró a Archen cuando Ć©l gimió y se dio vueltas. Incluso despuĆ©s de limpiarse, el sudor frĆo seguĆa goteando de sus sienes. Esto no servirĆa. No podĆa quedarse quieta y no hacer nada. Ella tenĆa que hacer algo.
Carinne se levantó de su asiento, pensando en cambiarle la toalla. El duque la miró con expresión de incomprensión.
"¿QuĆ© estĆ”s mirando?"
Carinne espetó bruscamente.
La mirada del Duque, que habĆa estado sospechosamente fija en ella desde antes, la estaba poniendo de los nervios. ¿QuĆ© estaba mirando cuando ni siquiera estaba haciendo nada?
"…Nada."
Ćl murmuró.
Carinne estaba a punto de volver a gritarle, diciĆ©ndole que lo escupiera si tenĆa algo que decir en lugar de murmurar como un niƱo, cuando la puerta se abrió de repente y entró un mĆ©dico con un maletĆn mĆ©dico, seguido por la jefa de limpieza. .
"Por favor, salga mientras examino al paciente".
El mĆ©dico abrió la boca mientras abrĆa su bolso.
Empujó a la jefa de doncellas y al duque fuera de la habitación y rÔpidamente salió ella también. Preocupada de que pudiera estorbar, bajó al salón del primer piso y se mordió el labio con ansiedad, esperando que terminara el examen.
Unos minutos mÔs tarde, el médico bajó las escaleras.
Carinne, que habĆa estado paseando ansiosamente por el salón, se apresuró a acercarse al mĆ©dico cuando lo vio.
