M.C.E.L.S.T.D. C5-C8
➡️CAPITULO 5⬅️
Roselia, que se quedó sin palabras ante la pregunta de Klaus, puso los ojos en blanco.
“Uh… bueno, verĆ”s…”
Como si la instara en silencio a hablar donde quisiera, Klaus se apoyó en la pared con mirada expectante, esperando tranquilamente. Con resignación, Roselia comenzó a hablar.
“No me gustaba dónde estaba colocado el jarrón, asĆ que estaba en proceso de moverlo”.
“¿A esta hora?”
"SĆ…"
Roselia sintió ganas de desaparecer en una ratonera ante sus propias palabras, considerando lo débil que sonaba su excusa.
Mientras tanto, los frĆos ojos azules de Klaus la escrutaron una vez mĆ”s. ParecĆa que dondequiera que posara su mirada, se volvĆa ardiente, pero Roselia hizo un esfuerzo por no inmutarse y sonrió con naturalidad.
“Parece que tienes la manĆa de sudar despuĆ©s de ducharte.”
—Bueno, en lugar de eso, ¿por quĆ© estĆ”s aquĆ en mi habitación…?
Roselia se detuvo a media frase y su mirada se dirigió al sobre que Klaus sostenĆa. ParecĆa que el Duque habĆa traĆdo personalmente el billete de 20 grangs que Alejandro habĆa prometido entregar.
“Alejandro tuvo que salir corriendo a hacer un recado repentino por la tarde”.
Con esa explicación, Klaus le extendió el sobre. Roselia, que sostenĆa un florero que le cubrĆa la parte superior del cuerpo, no tenĆa las manos libres, y Klaus habló con tono molesto.
“¿PodrĆas dejar eso, por favor?”
¡No! ¡AĆŗn no he encontrado el lugar adecuado! ¡AquĆ, por favor, colócalo!
En respuesta a su petición, Klaus pareció desconcertado mientras alternaba su mirada entre las flores en el jarrón y ella.
"¿AquĆ?"
"¡SĆ!"
“¿Colocarlo aquĆ?”
"SĆ."
"¡SĆ!"
Ante su respuesta decidida, Klaus suspiró para sus adentros, pensando que debĆa de ser una excĆ©ntrica mientras insertaba con cuidado el sobre en el ramo de flores del jarrón. Solo entonces Roselia exhaló profundamente, como aliviada.
Como si hubiera cumplido su tarea, estaba a punto de darse la vuelta e irse pero no se olvidó de dejar un último comentario.
“Espero exactamente lo que prometiste.”
Roselia sonrió torpemente mientras tragaba saliva seca, bajo la mirada frĆa que parecĆa decir que la venderĆa sin dudarlo si la promesa no se cumplĆa.
“Me pregunto si ese serĆ” el resultado”.
Al ver su sonrisa casual, Klaus se giró lentamente, todavĆa con una expresión insatisfecha.
Sin embargo, en ese momento, la pequeña voz de Roselia, como si se colara, lo atrapó.
“Um… lo siento, pero ¿podrĆas cerrar la puerta antes de irte…?”
“…”
Klaus, que se habĆa quedado quieto un momento, se acercó sigilosamente y cerró la puerta. Con la puerta cerrada, Roselia se aferró al jarrón y se sentó, sintiendo que el corazón se le salĆa del pecho. No pudo evitar pensar que si seguĆa tratando asĆ al Duque, podrĆa no cumplir su promesa.
* * *
Roselia se encontraba parada ociosamente detrÔs de un grupo de unas seis señoritas que charlaban alrededor de la mesa de té, que estaba situada en el centro de la habitación.
TenĆa poco tiempo y trataba de encontrar la manera de ganar sus 3.000 grangs inmediatamente, pero se encontró siguiendo tranquilamente a la joven como una sombra...
Claucet, sentada frente a ella, parecĆa estar de buen humor hoy, conversando con entusiasmo con las demĆ”s jóvenes, radiante. De vez en cuando, alguna de las mĆ”s jóvenes miraba a Roselia e incluso se sonrojaba.
“SeƱora Claucet, escuchĆ© que tiene un nuevo Domestico”.
"Es guapo, ¿no?"
A pesar de los comentarios descarados de Lady Claucet, la joven con la que hablaba se sonrojó. Claucet se encogió de hombros y giró la cabeza hacia Roselia.
“Antonio.”
Al escuchar la elegante voz de la altiva joven dama, Roselia suspiró profundamente por dentro y voluntariamente se acercó a Lady Claucet, inclinando su cintura.
“¿Llamó usted, seƱorita?”
Habló con una voz deliberadamente baja para no revelar su verdadero gĆ©nero, y sorprendentemente sonaba como una agradable soprano. Las jóvenes que oyeron la voz de Roselia empezaron a reĆrse y a sonrojarse.
¿Por quĆ© tiene una estructura facial tan delicada? CreerĆa sin duda que es una mujer.
“Sus ojos son verdaderamente hermosos, como gemas esmeraldas…”
¡Mira ese cabello negro brillante!
Roselia se sintió incómoda y empezó a sudar frĆo ante los efusivos elogios de las jóvenes. ParecĆa que la tendencia actual entre las mujeres era favorecer a los hombres jóvenes como los "domĆ©sticos", y sus reacciones eran comprensibles.
“Antonio fue una vez un noble, por lo que irradia mĆ”s gracia y dignidad que otros sirvientes”.
El comportamiento de Claucet, como si estuviera alardeando de su propio hijo, era un tanto entraƱable.
¡Dios mĆo! ¡Eso lo explica todo! ¡PensĆ© que tenĆa algo especial!
¿De quĆ© familia noble proviene? Pero... ¿ya no es noble?
—Ay, Madeline, ¿quĆ© importa? Hoy en dĆa, es la Ć©poca de comprar y vender tĆtulos, incluso si una familia ha caĆdo. Mientras ganes dinero, puedes recuperar tu estatus.
Mmm... Roselia no lo sabĆa, pero era información valiosa. Significaba que, si tenĆa suficiente dinero, podrĆa comprar y vender tĆtulos.
Aunque estaba preocupada pensando en la supervivencia inmediata, era una información que valĆa la pena considerar para la supervivencia a largo plazo.
“Pero… si Antonio renuncia a ser DomĆ©stico, serĆa terriblemente triste.”
“AsĆ es… ya estoy empezando a sentirme triste.”
Roselia puso los ojos en blanco por dentro ante las conversaciones de las jóvenes, que incluso llegaban a predecir el futuro. El hecho de que sus expectativas y emociones sobre la persona de la que hablaban fuera en realidad una mujer la hacĆa sentir culpable.
Ah, por cierto, mi padre trajo algunos objetos del Imperio Occidental hace poco. ¿Te gustarĆa verlos?
La joven rubia presentó una pieza de joyerĆa que parecĆa un ramo de flores adornado con piedras preciosas.
Al examinar brevemente las joyas, Roselia pudo hacer una conjetura fundamentada sobre su identidad, coincidiendo con las descripciones que habĆa leĆdo en las novelas.
Era una pieza de joyerĆa inusual en el actual Imperio Lugbelzet, pero era un accesorio de moda en el Imperio Raphelios en Occidente.
¿QuĆ© es esto? No parece un collar... ni siquiera tiene el largo adecuado para una pulsera...
“No puede ser un pendiente… ¿PodrĆa ser un accesorio para llevar en un vestido?”
Cada joven dio su opinión, pero ninguna dio la respuesta correcta.
Parece que las señoritas tampoco saben mucho. Lo recibà como regalo, pero no tengo ni idea de cómo usarlo...
En ese momento, la tranquila Roselia, que habĆa estado fingiendo dormir, pronunció algunas palabras.
"Se llama 'horquilla'".
"¿QuĆ©?"
Al instante, todas las jóvenes dirigieron su atención hacia ella y Roselia, que acababa de aclararse la garganta torpemente, continuó en voz baja.
"Si no es muy descortĆ©s, ¿puedo ofrecerte a ponĆ©rtelo yo mismo?"
Sintió pena por las seƱoritas que no sabĆan que ella era mujer y quiso aliviar su culpa ayudĆ”ndolas un poco.
Contrariamente a las expectativas de Roselia, la dueƱa de la joyerĆa, la joven, se sonrojó y asintió con la cabeza.
¿QuĆ© es esto? No parece un collar... ni siquiera tiene el largo adecuado para una pulsera...
“No puede ser un pendiente… ¿PodrĆa ser un accesorio para llevar en un vestido?”
Cada joven dio su opinión, pero ninguna dio la respuesta correcta.
Parece que las señoritas tampoco saben mucho. Lo recibà como regalo, pero no tengo ni idea de cómo usarlo...
En ese momento, la tranquila Roselia, que habĆa estado fingiendo dormir, pronunció algunas palabras.
"Se llama 'horquilla'".
"¿QuĆ©?"
Al instante, todas las jóvenes dirigieron su atención hacia ella y Roselia, que acababa de aclararse la garganta torpemente, continuó en voz baja.
"Si no es muy descortĆ©s, ¿puedo ofrecerte a ponĆ©rtelo yo mismo?"
Sintió pena por las seƱoritas que no sabĆan que ella era mujer y quiso aliviar su culpa ayudĆ”ndolas un poco.
Contrariamente a las expectativas de Roselia, la dueƱa de la joyerĆa, la joven, se sonrojó y asintió con la cabeza.
Roselia tomó la horquilla y recogió con cuidado el cabello de la joven, arreglĆ”ndolo con destreza y habilidad. Sus manos se movĆan con maestrĆa y familiaridad, como siempre habĆa cuidado de su abundante y ondulante cabello.
La delicada destreza de sus manos dejó a las jóvenes que la observaban maravilladas. Con su elegante y hasta gracioso recogido, Roselia colocó la horquilla alrededor del recogido de la joven, creando una forma y una estética agradables.
En el Imperio Rafelios de Occidente, la moda eran los recogidos pulcramente arreglados que dejaban al descubierto el cuello y los hombros, a diferencia de las mujeres Lugbelzet, que dejaban que su cabello cayera largo sobre los hombros. Se esperaba que este peinado, junto con la horquilla, pronto se convirtiera en tendencia en la sociedad Lugbelzet.
Roselia sonrió cÔlidamente a la joven que le tocó torpemente el cuello y los hombros, aparentemente incómoda con el nuevo estilo.
Te queda muy bien, querida. Ya que hace mĆ”s calor, no estarĆa mal llevar el pelo asĆ.
“¿D-en serio?”
La joven se sonrojó, sintiéndose avergonzada, y Roselia sintió una ligera sensación de alivio que le quitó el peso de la culpa.
En ese momento, Claucet, que observaba la escena en silencio, intervino.
“Antonio.”
“SĆ, seƱorita.”
“Yo tambiĆ©n quiero uno.”
“Oh, estĆ” bien…”
Al ver a Claucet inflar las mejillas como una niƱa a la que su madre le ha quitado algo, Roselia no pudo evitar esbozar una leve sonrisa divertida.
* * *
Dentro del carruaje de regreso, Claucet, con el recogido que Roselia le habĆa hecho, miraba por la ventana radiante. A Roselia le pareció bastante linda su apariencia y pensó que si tuviera una hermana menor, asĆ se sentirĆa.
Entonces, cuando Claucet, que tarareaba una melodĆa mientras miraba por la ventana, giró la cabeza con indiferencia, sus ojos se encontraron con los de Roselia. SintiĆ©ndose un poco incómoda, Claucet se aclaró la garganta y se dio la vuelta.
La verdad es que no me gusta este peinado. Hoy me siento un poco mƔs alegre.
—Ah, ya veo. Pero te ves preciosa.
Roselia sonrió cÔlidamente y asintió.
“Es un alivio que la vizcondesa Madeline parezca estar tan complacida, a diferencia de la dama”.
Ante las palabras de Roselia, Claucet enderezó los hombros, puso una expresión algo disgustada y giró la cabeza hacia la ventana mientras murmuraba algo casi inaudible.
“No es que no me guste el peinado… quiero decir…”
"¿Eh? No lo oĆ bien."
—¡No importa! En fin… Al me contó…
¿Al? ¿QuiĆ©n es Al? ¿SerĆ” que estĆ” hablando de Alejandro?
Dijo que Klaus… trajo a Antonio como sirviente por deudas…
Bueno, no es del todo exacto. Ella misma lo propuso primero como una forma de pagar sus deudas... pero centrƩmonos en lo principal.
“Es increĆble… ¿cómo puede haber alguien tan obsesionado con el dinero siendo de la misma familia?”
Entre las quejas, Roselia percibió cierta inquietud y amargura en las palabras de Claucet. Inclinó la cabeza con curiosidad.
—Esa persona sin corazón... Me disculparĆ© en nombre de la familia del duque Baltezar, como su hermana.
“No… No es necesario que la SeƱora se disculpe…”
“Es solo que el desalmado enfrentarĆ” una gran caĆda algĆŗn dĆa, y como tĆŗ eres mi domĆ©stico personal, te protegerĆ© de Ć©l”.
—No, en serio… No hay necesidad de ir tan lejos…
La expresión decidida de Claucet hizo que Roselia decidiera no insistir mĆ”s en el asunto. ParecĆa que podrĆa haber asuntos pendientes entre ellos como hermanos.
En la novela original, la protagonista principal era Claucet, la antagonista, y apenas se mencionaban detalles sobre la hermana menor del duque, Claucet. Nunca se mencionaban detalles sobre su pasado o antecedentes familiares. Solo se sabĆa que sus padres habĆan fallecido a temprana edad…
Mientras estĆ”bamos perdidos en nuestros pensamientos, el carruaje ya habĆa llegado a la mansión Baltezar.
Mientras Claucet era escoltado fuera del carruaje, parecĆa que Klaus estaba a punto de salir por algĆŗn asunto mientras caminaba hacia ellos.
Claucet, al ver a Klaus, parecĆa nerviosa e hinchó las mejillas como una niƱa a la que su madre le ha quitado algo. Pasó junto a Klaus con aire distante, sin siquiera saludarlo. Al verla alejarse, Roselia, sin poder evitar sentir algo de lĆ”stima por ella, decidió entablar conversación con Klaus.
¿Por quĆ© no saludaste primero a la seƱorita?
Klaus, con una expresión algo sorprendida, giró la cabeza como si sus palabras fueran inesperadas.
¿Y eso a ti quĆ© te preocupa?
La seƱorita aĆŗn es joven y parece un poco frĆa. PensĆ© que un saludo suyo le vendrĆa bien.
“Parece que tienes mucho tiempo libre para preocuparte por eso”.
Con ese comentario, Klaus volvió a caminar. Sin embargo, cuando la expresión antes alegre de Lady Claucet se tornó sombrĆa y severa, Roselia no pudo evitar hacer otro comentario.
“Parece que el Duque no entiende muy bien quĆ© desea la joven dama”.
Como si sus palabras hubieran tocado algo prohibido, Klaus, que habĆa detenido lentamente sus pasos, la miró con una mirada frĆa que pareció atravesarla.
➡️CAPITULO 6⬅️
“¿No sabes lo que desea Lady Claucet?”
A pesar de su expresión impasible, una frialdad escalofriante persistió en sus ojos.
“SĆ© muy bien lo que Lady Claucet necesita. Para el futuro de Lady Claucet, el honor y la riqueza de la familia son necesarios. No hay nada mĆ”s seguro en este mundo de mala calidad.”
Dicho esto, Klaus se acercó lentamente a Roselia. Su mirada, mirĆ”ndola hacia abajo, no solo era frĆa, sino casi despiadada, lo que provocó que todo el cuerpo de Roselia se endureciera.
“Antonio de Hesingk.”
Klaus, bajando lentamente la cabeza, le susurró al oĆdo como un gruƱido.
“Todo lo que tienes que hacer es pagar 3.000 grangs en un aƱo. Es mejor no entrometerse mĆ”s. Incluso si se llama asĆ por mi bien.”
Su aliento, tocĆ”ndose la oreja, era indudablemente cĆ”lido como un velo, pero en el lugar donde pasaba su aliento, permanecĆa una sensación frĆa y amarga como ale. Se sentĆa como si una cuchilla afilada acabara de pastar cerca de su cuello.
Klaus dejó atrÔs a la congelada Roselia y se alejó con calma.
Dejada sola, Roselia, debido al ardor del duque que sentĆa justo frente a ella, tuvo que sacudir los hombros para deshacerse de su rigidez. Sólo despuĆ©s de que la presencia de los Duques desapareció en el carruaje exclusivo podrĆa Roselia finalmente exhalar el aliento que se sentĆa atrapada en su garganta. No habĆa entendido la descripción en la novela original de que el duque podĆa matar a alguien con solo su mirada, pero ahora lo sentĆa profundamente.
Roselia se relajó, moviendo sus piernas temblorosas para dirigirse hacia la mansión.
Cerca de la entrada de la mansión, Klaus, que habĆa estado parado detrĆ”s de un Ć”rbol, la miraba con los puƱos apretados.
“Donandot hace cosas innecesarias, Antonio.”
Era casi como si fueran hermanos, diciendo lo mismo, con Klaus teniendo una expresión muy disgustada.
“Parece que hice algo innecesario.”
Sintiéndose cansado sin razón, Roselia inmediatamente ofreció una disculpa.
Al reflexionar, sintió que habĆa hecho algo realmente innecesario. Ella habĆa dicho que no se involucrarĆa con el duque, pero terminó haciendo comentarios innecesarios. Incluso el Duque y la Joven Dama no interfirieron entre sĆ con tal intromisión innecesaria.
Con una sensación amarga, Roselia inclinó la cabeza hacia la Joven Dama y trató de alejarse para darle espacio.
En ese momento, Klaus lanzó sin rodeos sus palabras.
“Baja a cenar juntos mĆ”s tarde.”
Con esas palabras, la figura encubierta del duque desapareció en la mansión con un paso elegante. Roselia, que estaba viendo esa escena con una expresión desconcertada, lentamente se dirigió a su habitación, aparentemente sin entender el mensaje.
La hora de la cena llegó rÔpidamente. Roselia, vestida con una camisa ordenada y pantalones casuales, se sentó en la mesa del comedor con un atuendo relativamente cómodo.
DetrĆ”s de Lady Claucet, que ya estaba sentada, los sirvientes se alinearon para servir la comida. Todas sus miradas parecĆan desaprobar mientras miraban a Roselia.
Claucet, todavĆa con su atuendo interior, pero con el recogido que Roselia habĆa hecho antes, parecĆa estar perdido en sus pensamientos. Roselia, que inconscientemente habĆa encontrado diversión en sus propios pensamientos sobre la apariencia de Claucet, volvió a la realidad con la voz de Claucet.
“Me di cuenta antes de que pareces familiarizado con el manejo del cabello femenino...”
Mientras Claucet hablaba, su mirada hacia Roselia parecĆa aguda, casi como si sospechara que Roselia era la hermana menor de Klaus. Roselia, tragando secamente, trató de mantener la compostura.
“solĆa preparar el cabello de mi hermana menor de vez en cuando.”
“Hermana menor?”
“SĆ, despuĆ©s de que mi padre falleció, tuvimos que despedir a todos los sirvientes, asĆ que ocasionalmente lo hice yo mismo.”
Que Antonio peinara el cabello era ciertamente inaudito. Bueno, considerando que todos los sirvientes fueron despedidos y ella tuvo que cuidar su cabello, no era del todo falso.
“¿Dónde estĆ” tu hermana menor ahora?”
“Ella falleció de la misma enfermedad que mi padre.”
Resultaba un tanto irónico hablar de su propia muerte con tanta calma, pero Roselia no se sentĆa alterada.
Claucet, sosteniendo un utensilio, lo dejó caer mientras exclamaba: "¿EstĆ” muerta?".
QuizƔs no estaba acostumbrada al concepto de la muerte a su edad.
"SĆ, no hace mucho. El certificado de defunción ya estĆ” presentado".
"Antonio..."
PensÔndolo bien, Lady Claucet, al igual que Klaus, vivió sola tras perder a sus padres.
Si bien Roselia y Antonio no eran diferentes a desconocidos, en cierto modo, sus situaciones eran algo similares.
"SiĆ©ntete libre de peinarme algĆŗn dĆa..."
¿Eh? ¿A quĆ© viene esa mirada confundida?
Aunque parecĆa que Claucet habĆa malinterpretado algo, Roselia no sintió la necesidad de corregirla y simplemente sonrió con torpeza.
"¿Te llevabas bien con tu hermana menor?"
Pensando en Antonio, Roselia tuvo que forzar una sonrisa falsa mientras sudaba. Al final, se separaron no con una despedida, sino con una dura confrontación.
“SĆ, bueno…”
“Haber perdido recientemente a una hermana menor debe ser angustioso…”
“Bueno… ¿sĆ?”
Ese desalmado te trajo aquĆ para pagar su deuda, ¿no es asĆ...?
"Eso es..."
Me sentĆ incómodo por cómo la conversación derivó. Era una afirmación correcta, pero hacĆa que Klaus pareciera aĆŗn mĆ”s despiadado, incomodando a Roselia.
"No te preocupes. Si te quedas a mi lado todo el tiempo, ese desalmado no podrĆ” molestarte".
Eso es un poco problemĆ”tico... Si no podĆa pagar los 20 grangs que Klaus le dio en dos meses, seguramente vendrĆa por su vida. Por eso no podĆa dedicar todo su tiempo a ser la doncella de Lady Claucet.
"Eso es un poco incómodo. Para pagar la deuda del Duque, tengo mi propio trabajo. Por supuesto, no me negarĆ© a ser tu criado, pero te agradecerĆa que me garantizaras mi tiempo tambiĆ©n".
Las cejas de Claucet, que se habĆan suavizado un poco, volvieron a fruncirse ante las firmes palabras de Roselia.
—¿A cuĆ”nto asciende esa deuda? Con el sueldo que recibo como tu criada, serĆa difĆcil pagarla, ¿no?
Aunque Claucet habĆa acordado pagarle a Roselia 500 grangs semanales por sus labores de criada, pagar 3000 grangs le llevarĆa mĆ”s de diez aƱos. ¿PodrĆa sobrevivir sin revelar su identidad durante ese tiempo? La mirada animada en los ojos de Klaus atormentó a Roselia, provocĆ”ndole escalofrĆos.
—El sueldo que me ha dado la SeƱora no es suficiente.
Claucet respondió a la firme respuesta de Roselia con una expresión obstinada, como si su orgullo hubiera sido herido.
—¿A cuĆ”nto asciende tu deuda?
“5000 grangs. Ah, la venta de la mansión del MarquĆ©s cubrió una parte, asĆ que son exactamente unos 3200 grangs.”
Claucet, al oĆr las palabras despreocupadas de Roselia, se quedó paralizada, boquiabierta. ParecĆa que no tenĆa intención de devolver una suma tan grande de una vez.
“De acuerdo. Acordamos que te encargarĆ”s de tus labores domĆ©sticas solo tres dĆas a la semana.”
QuizĆ”s accediendo rĆ”pidamente a la cantidad mencionada, Claucet dio un paso atrĆ”s. A Roselia le pareció sorprendentemente tierna la retirada de Claucet, como si una princesa diera un paso atrĆ”s, y no pudo evitar sonreĆr.
“Gracias, seƱorita.”
“Pero a cambio, ¿puedes peinarme cuando quiera? Las criadas de la mansión no son tan hĆ”biles con los recogidos como tĆŗ.”
“Por supuesto.”
Mientras hablaban, Denver, un sirviente que habĆa estado esperando, se acercó con una jarra de agua para rellenar el vaso vacĆo de Roselia. Denver, un sirviente nuevo y de alta estatura, parecĆa visiblemente disgustado cuando la atención de Lady Claucet se centró en Roselia.
En ese momento, mientras Lady Claucet se distraĆa momentĆ”neamente comiendo, Denver, intencionalmente o no, inclinó la jarra de agua hacia Roselia.
"¡Oye!"
Ante la exclamación de Roselia, Denver, dĆ”ndose cuenta tardĆamente de la situación, se disculpó torpemente.
"¡Oh! Lo siento, Sr. Antonio. Se me soltó..."
Al darse cuenta demasiado tarde de la acción intencional de Denver, Roselia, que estaba a punto de decir algo, tuvo que levantarse apresuradamente de su asiento mientras su fina camisa blanca de poeta se le pegaba al pecho. Alguien observador podrĆa notar que tenĆa una capa extra de tela debajo.
"¿Se encuentra bien, seƱorita?"
Claucet, dĆ”ndose cuenta tardĆamente de la situación de Roselia, miró en su dirección.
—Antonio, ¿quĆ© pasó?
Ya sea que oyó algo del exterior o presentĆa algo extraƱo, Klaus, con expresión severa, observó a Roselia y Claucet.
Claus, quizÔs insatisfecha con la apariencia de Klaus, giró la cabeza rÔpidamente, manteniendo la boca cerrada. Klaus, mirando a Roselia con una mirada gélida, abrió la boca con frialdad.
"Pareces bastante cómoda cenando con Claucet. ¿Ya has ganado los 500 grangs que me dijiste?"
Aunque querĆa irse rĆ”pidamente de allĆ con la camisa mojada, la presencia de Klaus frente a ella hizo que Roselia se tensara como un conejo ante un depredador.
"¿QuĆ© pasa?"
QuizÔs Klaus oyó algo desde dentro, mientras lanzaba una mirada severa a Roselia y Claucet.
Queriendo irse rÔpidamente con la camisa mojada, la expresión de Roselia se contrajo incómoda ante las palabras sarcÔsticas de Klaus.
“No puedo negarme a la petición de la Dama.”
Su mirada desafiante parecĆa decir: “¿No te lo has buscado tĆŗ misma al convertirte en la sirvienta del Duque?”
Al ver la mirada de Klaus, los hombros de Roselia temblaron, pero se obligó a no cubrirse el pecho. La mirada de Klaus se detuvo en su camisa mojada, y Roselia se mordió el labio con incomodidad.
“Es inapropiado que rechaces la petición de la Dama.”
Sus ojos, aún fijos en Roselia, descendieron lentamente hacia su camisa mojada. Intentando ocultar su incomodidad, Roselia evitó cubrirse el pecho.
“Tu camisa estĆ” mojada. No es como si hubieras bebido el agua con tu cuerpo.”
Después de decir eso, la mirada de Klaus se dirigió a los sirvientes en el comedor.
En respuesta, un Denver sobresaltado, al darse cuenta de la situación, enderezó los hombros e hizo una profunda reverencia.
Roselia, mÔs ansiosa por irse que por discutir, inclinó la cabeza hacia Klaus e intentó moverse hacia la salida.
“Como puedes ver, considerando mi estado, deberĆa levantarme del asiento primero.”
Dicho esto, intentó pasar junto a Klaus, pero su gran mano la agarró de repente por la muñeca.
Sorprendida por el contacto inesperado, Roselia miró a Klaus con los ojos muy abiertos.
Klaus, con una mirada frĆa y penetrante, la observaba fijamente.
“¿EstĆ”s herida?”
Aunque el contacto repentino fuera sorprendente, Roselia, sin entender el hilo de la conversación, preguntó a su vez.
“¿QuĆ©?”
En respuesta a su pregunta atónita, Klaus frunció una ceja y miró su camisa mojada. MĆ”s precisamente, parecĆa que su mirada se dirigĆa al interior de la camisa mojada.
“Parece que tienes vendas por dentro.”
En ese momento, el cuerpo de Roselia se tensó y un sudor frĆo le corrió por la espalda.
➡️CAPITULO 7⬅️
¿QuĆ© deberĆa decir? ¿Admitir que estoy herida? ¿Y si me pide que me explique?
"Bueno..."
Roselia dudó en responder, y Klaus arqueó una ceja con expresión de desconcierto.
La camisa, hĆŗmeda y pegada a su espalda, se sentĆa aĆŗn mĆ”s pegajosa por el sudor. Abrumada, su cuerpo se tensó y tartamudeó con impotencia.
En ese momento, una voz familiar interrumpió la conversación.
"Se lastimó mientras me protegĆa".
Klaus y Roselia volvieron la mirada simultÔneamente hacia el origen de la voz. Allà estaba Claucet, con los puños apretados, mirÔndolos con orgullo.
"¿Se lastimó mientras te protegĆa? ¿QuĆ© pasó? No estĆ”s herida, ¿verdad?"
"Bueno... supongo que estoy un poco preocupada por Ʃl".
Se desató una situación peculiar. La pequeƱa chica de cabello corto azul celeste, que parecĆa tener unos quince aƱos, y el hombre de cabello largo negro azulado, que parecĆa fĆ”cilmente superar el metro ochenta, se enfrentaban sin ceder el paso. De alguna manera, esto inquietaba a quienes los rodeaban.
"¿QuĆ© pasó?"
Cuando Claucet se negó a responder y se limitó a mirarlo con enojo, Klaus, suspirando, volvió a centrar su atención en Roselia. Sin embargo, fue Claucet quien respondió con una expresión maliciosa.
"ResbalĆ© al bajar del carruaje. Antonio intentó protegerme, pero terminó debajo de mĆ, y se lastimó un poco la espalda cuando casi me arrastró el viento".
Roselia estaba tan perpleja por la explicación indiferente de Claucet que no podĆa decir si tal incidente habĆa ocurrido realmente. Por supuesto, no hubo tal incidente. Claucet habĆa descendido del carruaje con elegancia y gracia y se reunió con las criadas.
Si Claucet mentĆa para protegerla, entonces… ¿por quĆ©? ¿SerĆ” que Claucet descubrió que soy mujer?
En medio de varios pensamientos confusos, Klaus, aparentemente satisfecho, miró a Antonio una vez mÔs.
"Me disculpo en su nombre por haberte lastimado protegiendo a Claucet".
¿Por quĆ© se disculpan estos hermanos el uno por el otro?
En respuesta al brusco saludo de Klaus, Claucet resopló.
"¿Por quĆ© te disculpas en mi nombre?"
A pesar de la reacción irritable de Claucet, Klaus, imperturbable, miró a Roselia con una expresión tranquila.
"Pero espero que no lo trates con demasiada brusquedad".
Ante el comentario inesperado, tanto Roselia como Claucet miraron a Klaus con expresiones perplejas. Sin embargo, antes de que su sorpresa durara, Klaus continuó con una elegante sonrisa.
"Hasta que no pagues todas las deudas, ese cuerpo no te pertenece". Era una declaración susceptible de malentendidos, pero las expresiones de Roselia y Claucet, quienes comprendieron claramente el significado subyacente, se congelaron.
Cuando mencionó el cuerpo de Roselia, literalmente significaba que su cuerpo tenĆa un valor Ćŗtil para pagar deudas.
Tras pronunciar esas palabras, Klaus dejó un mensaje para Jeffrey, indicando que comerĆa en la oficina, y salió rĆ”pidamente de la habitación. Solo despuĆ©s de su desaparición, Roselia, que habĆa estado tensa, se relajó, suspiró profundamente y dejó caer sus hombros rĆgidos.
Claucet, que aĆŗn no habĆa terminado de comer, continuó comiendo con indiferencia, como si nada hubiera pasado. Roselia la miró y preguntó con cautela:
"SeƱorita, ¿por quĆ©... me ayudó?"
En respuesta a la pregunta de Roselia, Claucet hizo un gesto al personal del restaurante para que retrocediera. Roselia se sintió aún mÔs inquieta por las acciones de Claucet.
¿Claucet realmente sabe mi verdadera identidad?
Sin embargo, la respuesta que llegó de buena gana no fue exactamente la que Roselia sospechaba.
“Antonio parecĆa incómodo.”
“¿SĆ?”
“Te lo dije. PrometĆ protegerte de ese tipo despiadado.”
En un instante, la perpleja Roselia soltó sin darse cuenta:
“¿Por quĆ© llevo vendas entonces?”
“¿Acaso importa? Antonio no querĆa que Klaus viera lo que habĆa debajo de las vendas, ¿verdad?”
Una vez mÔs, ante un comentario mordaz de Claucet, Roselia se tensó y dijo:
“¿Por quĆ© hiciste eso?”
Claucet les indicó con indiferencia al personal del restaurante que retrocedieran y, con una sonrisa burlona, se limpió la boca con una servilleta.
“Bueno… probablemente sea una cicatriz fea o algo asĆ. Pase lo que pase, la situación fue bastante incómoda hace un tiempo, ¿no?”
Inalterada en su porte juvenil, Lady Claucet, que aĆŗn no podĆa desprenderse de su imagen de niƱa, interpretó el papel de una mujer de mediana edad con experiencia en el mundo. Una sonrisa amarga se dibujó en los labios de Roselia mientras observaba la escena.
—Gracias, seƱorita.
—Bueno, olvĆdalo. En lugar de eso, tienes que venir conmigo a la fiesta del tĆ© de la hija del Conde dentro de tres dĆas, ¿de acuerdo?
—Por supuesto.
Satisfecha con la respuesta de Roselia, Claucet, con una sonrisa juguetona, se limpió la boca con una servilleta. Roselia no pudo evitar devolverle la sonrisa, y un sentimiento de camaraderĆa pareció surgir entre ellas.
* * *
Entre la capital del Imperio Lugbelzet, Vandelroth, y el Ducado de Baltezar, existĆa una pequeƱa aldea conocida como Algrisha.
Esta aldea servĆa como ruta comercial que conectaba la capital con el ducado, actuando como zona de amortiguación. Era un lugar habitado por granjeros pobres que no podĆan permitirse vivir en la capital ni pertenecer al ducado, asĆ como por comerciantes que viajaban entre la capital y el ducado.
Al descender de un carruaje de 100 grangs, Roselia observó la aldea y sonrió con picardĆa.
AquĆ estaba: el lugar de nacimiento de la primera pieza que la Princesa Heredera atesoraba. SegĆŗn la obra original, aproximadamente un mes despuĆ©s, la protagonista se disfrazarĆa de plebeya, pasarĆa por el pueblo, se enamorarĆa de un cuadro del artista y lo comprarĆa.
La Princesa Heredera aportó 500 grangs por el cuadro, una cantidad que podrĆa sustentar a un plebeyo comĆŗn durante diez aƱos de ocio.
Ese cuadro era el primer objetivo de Roselia.
El problema era que la información disponible en la novela original solo incluĆa el nombre del pueblo y el artista. Por suerte, se trataba de un pueblo pequeƱo, no de la capital.
Tras ordenar sus ideas, Roselia se acercó a un comerciante que arreglaba un puesto de frutas con expresión decidida.
Al acercarse el apuesto y elegante hombre, el comerciante, algo desconcertado, se levantó con expresión cautelosa. A juzgar por su atuendo y apariencia, no parecĆa alguien que residiera en un pueblo tan pequeƱo, por lo que habĆa un dejo de cautela en su expresión.
"Hola. Hace muy buen tiempo".
"¿QuiĆ©n eres?"
“Ah… Bueno, ¿conoces a alguien llamado Abeloh Hunt?”
“¿Abeloh? No he visto a ese caballero en unas dos semanas…”
Ante una respuesta inesperadamente diferente, Roselia, emocionada, intervino: “¿Conoce al Sr. Abeloh?”
“Bueno, sĆ. Este pueblo es tan pequeƱo que todos se conocen. ¿Pero por quĆ© lo pregunta?”
Al ver la expresión dubitativa del hombre, Roselia dudó un momento.
No era prudente revelarlo todo sin rodeos.
“El Sr. Abeloh ha tenido la amabilidad de ofrecerme un lugar donde quedarme. QuerĆa visitarlo de camino a la capital”.
El hombre, observando el bonito rostro de Roselia, murmuró con aĆŗn mĆ”s sospecha: “¿Tiene el Sr. Abeloh un pariente tan apuesto?”
“Ajaja, puede que no lo sepas. Bueno… si nos basamos en la relación, somos como mucho primos sextos. Jaja…”
Roselia, tras ordenar sus pensamientos, sonrió con amabilidad y continuó:
“Ah, soy pariente del Sr. Abeloh. PasĆ© a saludarlo de paso, camino a la capital”.
Aun con su radiante sonrisa, el hombre que la habĆa estado mirando inexpresivamente se rascó la cabeza de repente y seƱaló con irritación en dirección contraria.
“Si sigues recto por ahĆ y giras hacia el tercer callejón, encontrarĆ”s una casa destartalada con una rosa dibujada en la puerta. Esa casa pertenece a ese caballero. Por favor, encuĆ©ntrala”.
“¡Gracias! ”
Pensando que habĆa encontrado su objetivo con mĆ”s facilidad de la esperada, los pasos de Roselia se sentĆan ligeros. Por si acaso, habĆa recibido 20 grangs de Klaus, y pensó que tal vez le sobrara algo de dinero.
Emocionada por la expectativa de encontrar la casa de rosas que mencionó el frutero, Roselia llamó a la puerta con el corazón palpitante.
Toc, toc, toc...
Sin embargo, no hubo respuesta desde el interior de la puerta. PreguntĆ”ndose si la casa estarĆa vacĆa, Roselia dudó. Volvió a llamar a la puerta.
Toc, toc, toc, toc...
Aun asĆ, no hubo reacción. Para asegurarse, Roselia se asomó por la ventana y vio a un hombre sentado con la mirada perdida en la mesa del comedor. Era Abeloh Hunt. Junto a Abeloh habĆa una niƱa de unos seis aƱos que jugaba con una muƱeca de trapo.
"¡Disculpe! ¡SeƱor Abeloh! ¿PodrĆa abrir la puerta un momento?"
Cuando la voz desconocida lo llamó, el hombre finalmente giró la cabeza hacia la puerta. Su mirada estaba vacĆa y no habĆa vida en su expresión.
"¿QuiĆ©n es usted...?"
Solo entonces la puerta se abrió lentamente, revelando el rostro algo aturdido del hombre.
"He venido a comprar el cuadro del seƱor Abeloh".
Ante las palabras de Roselia, una breve sorpresa se reflejó en el rostro de Abeloh. Pero pronto, preguntó con una expresión sombrĆa, llena de sospecha.
“¿Mi cuadro…? ¿Cómo lo sabe?”
“Vi por casualidad el cuadro del Sr. Abeloh en el pueblo. Me causó una profunda impresión.”
Por supuesto, afirmar haber visto el cuadro era mentira.
Sin embargo, Roselia sabĆa que Abeloh se ganaba la vida vendiendo cuadros en el pueblo.
“¿PodrĆa venderme el cuadro, por favor?”
“…”
Hasta que conoció a la Princesa Heredera, Abeloh habĆa luchado para llegar a fin de mes, viviendo en la pobreza. A pesar de ser pintor, nunca habĆa ganado mucho con su arte.
En estas circunstancias, Roselia esperaba que vendiera fĆ”cilmente un cuadro a alguien dispuesto a comprarlo. Sin embargo, su reacción fue muy diferente de lo que ella habĆa imaginado. Su respuesta parecĆa estar lejos de la aceptación despreocupada que ella esperaba. Un poco incómoda, Roselia aƱadió apresuradamente:
"Lo compro por 10 grangs".
"…."
De hecho, Roselia ya conocĆa la pintura que Abeloh poseĆa gracias al contenido de la novela. Era una pintura de una mujer y una niƱa sentadas en un jardĆn de rosas. Sin embargo, fingir que no conocĆa la pintura sin verla realmente la harĆa parecer mĆ”s sospechosa. AsĆ que Roselia siguió el juego, hablando como si no supiera nada.
"Si 10 grangs no son suficientes, ¿quĆ© tal 15 grangs?"
"…"
"¡18 grangs!"
Era imposible ofrecer mƔs. Como solo quedaba dinero para el viaje en carruaje de regreso al Ducado, que costaba 100 grangs, tuvo que ahorrar algo para el viaje.
Mientras Roselia miraba a Abeloh con expresión ansiosa, este, que habĆa permanecido en silencio un rato, habló con pesadez.
"No vendo las pinturas reciƩn terminadas".
Dicho esto, Abeloh cerró la puerta con decisión. Roselia, que estaba a punto de continuar la conversación apresuradamente, se quedó paralizada frente a la puerta cerrada.
¿Por quĆ© no venderĆa el cuadro? Sin duda se lo vendió a la protagonista…
Sin embargo, la protagonista no reveló su identidad como Princesa Heredera al comprar el cuadro. Roselia recordaba haberse disfrazado con ropa raĆda y haberlo comprado… ¿SerĆa posible que tuviera que pagar la misma cantidad que los 500 grangs que pagó la Princesa Heredera?
Pero Abeloh no parecĆa especialmente interesado en el dinero. Sumida en sus pensamientos, la mirada de Roselia se posó repentinamente en las flores marchitas frente a la casa.
ParecĆa que habĆa pasado bastante tiempo desde que alguien las cuidó…
De repente, la mirada de Roselia se dirigió a la joven que estaba dentro a través de la ventana. Como si presentiera algo, la joven levantó la cabeza con un movimiento repentino.
➡️CAPITULO 8⬅️
Roselia, aliviada por haber recibido los generosos 20 grangs de Klaus, se ajustó el atuendo mientras se miraba en el escaparate.
En el escaparate, una mujer madura extendĆa con elegancia su vestido verde esmeralda, iluminando sus hermosos ojos verdes.
El vestido verde marfil, que le llegaba hasta las rodillas, y un chaleco de cuero marrón que le ceƱĆa la cintura, revelaban las curvas de la mujer, ocultas hasta entonces por trajes monótonos.
Cada paso que daba, la mirada de los jóvenes del pueblo la seguĆa discretamente.
Era un atuendo que habĆa comprado por casi 150 verangs. QuizĆ”s el dueƱo de la tienda de ropa local la habĆa adivinado y le habĆa aƱadido un precio elevado, pero no habĆa lugar a discusión.
Su cabello, que ya no era el largo y negro de antes, sino ahora una larga y brillante cabellera rubia, recibĆa la luz del sol, bajĆ”ndole hasta la cintura.
Considerando que la heroĆna original, Evelyn, era rubia, Roselia habĆa comprado una peluca cara por si acaso. Estaba segura de que no se caerĆa, ya que estaba fijada con un adhesivo de polvo mĆ”gico, y complementaba a la perfección sus ojos verdes.
Por supuesto, no podĆa combinar con su anterior y abundante cabello negro, pero con tal de que se ajustara a la estĆ©tica que Abeloh apreciaba, era mĆ”s que suficiente.
La Ćŗnica diferencia entre la heroĆna y ella misma era el gĆ©nero.
El estado de Ć”nimo melancólico de Abeloh, la casa y el jardĆn desatendidos, y la niƱa que evidentemente necesitaba a su madre, Roselia especuló que la esposa de Abeloh podrĆa haber enfrentado una situación difĆcil, tal vez la separación de su familia. Si Abeloh aĆŗn sentĆa algo por su esposa... era muy probable que fuera vulnerable a una mujer con una atmósfera similar a la suya.
ConsiderĆ”ndolo asĆ, Roselia, tras referirse al atuendo que vestĆa la heroĆna en ese momento, decidió disfrazarse de mujer.
Al observar su apariencia en la ventana, Roselia se balanceaba con seguridad bajo el reluciente cabello rubio, que realzaba sus hermosos ojos verdes como gemas.
Al regresar a casa de Abeloh, Roselia llamó a la puerta con expresión decidida.
"¿QuiĆ©n es...?"
Pensando que el mismo hombre habĆa regresado, Abeloh, al abrir la puerta con fastidio, descubrió a una mujer desconocida y su expresión se contrajo.
"¿Q-quiĆ©n eres...?"
"Soy la hermana de Antonio, que estuvo de visita hace un rato."
"Ah... sĆ. ¿Pero quĆ© te trae por aquĆ...?"
"Nos gustarĆa comprar el cuadro del que nos hablaste antes."
Al oĆr la rĆ”pida respuesta de Roselia, Abeloh volvió a cerrar la boca. Tras mirar al suelo un rato, separó lentamente los labios.
"Como ya te dije, ese cuadro..."
"¡MamĆ”!"
En ese momento, la niña que jugaba con una muñeca de trapo dentro de la casa salió corriendo. Cuando la niña se aferró inesperadamente a la falda de Roselia, tanto Roselia como Abeloh mostraron expresiones de sorpresa al mismo tiempo.
"¡Erin! ¡Esta persona no es tu mamĆ”! Lo siento; aĆŗn es joven..."
"No, no pasa nada."
Roselia se inclinó, miró a la niña a los ojos y sonrió cÔlidamente.
"¿Me parezco a tu mamĆ”?"
Erin, la niña a la que llamaban, miró fijamente el rostro de Roselia con los ojos muy abiertos.
"Eh... ¿no? Los ojos de mi mamĆ” son azul cielo..."
La expresión de Erin al decir esto parecĆa un poco triste, lo que hizo que Roselia se disculpara.
"Oh, ¿es que mis ojos no te gustan?"
"No es eso... es solo que no eres mi mamĆ”... ¡hh!"
Al ver a la niƱa con los ojos llorosos de repente, Roselia se puso nerviosa.
Mientras Roselia dudaba, sin saber qué hacer, Abeloh, sosteniendo a Erin, abrió la boca con expresión preocupada.
"Lo siento. Tu mamÔ... falleció hace poco..."
"¿QuĆ© significa 'fallecer', papĆ”?"
Incluso con lÔgrimas y la nariz mocosa, la niña, curiosa por todo lo relacionado con su madre, miró a Abeloh y preguntó. Abeloh, mirÔndola con expresión incómoda, se esforzó por responder.
"MamĆ” se fue lejos."
"Entonces, ¿cuĆ”ndo volverĆ” mamĆ”? MamĆ” no deberĆa irse, ¿verdad?"
Tanto Abeloh como Roselia, con ojos desconcertados, no se atrevieron a hablar apresuradamente.
"Si Erin espera bien, ¿volverĆ” mamĆ”?"
Como Abeloh permaneció en silencio, la niña, con lÔgrimas en los ojos, insistió.
¿SerĆ” por esta escena desgarradora? Abeloh, abrazando a Erin, finalmente rompió a llorar, algo que habĆa estado conteniendo.
Roselia, que habĆa entrado en la casa de Abeloh sin darse cuenta, se sentó frente a Abeloh, de aspecto deprimente, con expresión decidida.
Erin se sentó en el suelo, sosteniendo aún una muñeca de trapo, como si recordara algo.
Mirando a Erin con preocupación, Abeloh, con expresión amarga, habló:
"Te he mostrado algo desagradable".
"No, no es asĆ. PodrĆa pasar. Sigues pasando un momento difĆcil".
Con genuina preocupación evidente en las palabras de Roselia, Abeloh bajó la cabeza sin mucha dignidad.
En ese momento, Erin, que habĆa estado jugando con la muƱeca de trapo, pareció recordar algo. De repente, se levantó y corrió hacia Roselia, sosteniendo algo.
OfreciĆ©ndole un sombrero de paja, hecho de un material similar a la paja, Erin se lo extendió a Roselia, sonriendo tĆmidamente.
"¡Es bonito!"
"SĆ, es bonito, Erin".
¡No, es nuestra mamĆ”! ¡Mira! ¡Es nuestra mamĆ”! ¿No es hermosa?
Erin seƱaló en dirección a la escena mientras sostenĆa el sombrero, y habĆa un cuadro apoyado contra la pared, como si estuviera presionado contra ella.
En el cuadro, una mujer rubia con sombrero de paja en medio de un jardĆn de rosas y una niƱa parecida a ella sonreĆan alegremente.
Ahora Roselia entendĆa por quĆ© le habĆa vendido el cuadro al protagonista.
Como sospechaba, Abeloh proyectó a su esposa en la mujer rubia que la habĆa visitado.
Ese cuadro debĆa ser como una foto que Abeloh y Erin pudieran usar para recordar a su esposa y madre...
De repente, una sensación de pesadez los invadió.
Ese cuadro es mi último trabajo. Rompà todos los demÔs cuadros, pero no pude hacer lo mismo con este.
“…”
¿QuĆ© es esta compasión de repente? ¡Vino aquĆ a comprar ese cuadro!
Mientras Roselia luchaba por su interior con la confusión, Abeloh, quien habĆa estado observando el cuadro con una expresión dĆ©bil, habló con decisión.
"¿Dijiste que querĆas comprar este cuadro?"
"¿SĆ? SĆ... pero..."
"Lo venderƩ."
"¿QuĆ©?"
Inesperadamente, Roselia se sorprendió por el repentino cambio de opinión de Abeloh.
"Eso... Aunque digas eso, este cuadro es importante para Abeloh y Erin..."
"Fui egoĆsta. Estaba tan absorto en la sombra de mi esposa que no pensĆ© en Erin."
La mirada de Abeloh volvió a Erin.
Erin, todavĆa con el sombrero de paja de su madre, miraba su reflejo en el espejo roto como si presumiera.
Aunque el espejo no podĆa reflejar nĆtidamente a la niƱa por estar roto, ella lo miraba con un rostro puro, sin saber si estaba mal o era insuficiente. Esa visión pareció causar aĆŗn mĆ”s dolor en el corazón de Abeloh. Habló con una expresión resuelta.
"VenderĆ© este cuadro para Erin. Eso es lo que su madre querrĆa".
"¿EstĆ”s segura?"
"Necesito despertar por el bien de Erin... Si hubiĆ©ramos seguido viviendo confinados en esta casa, no habrĆamos podido superar ese cuadro. De verdad, le estoy agradecida a la joven".
Con una sonrisa significativa, Roselia le entregó 15 grangs a Abeloh.
Abeloh, quien sonrió con amargura y aceptó los 15 grangs, sostuvo el cuadro que habĆa envuelto con cuidado y lo abrazó antes de dejar que Roselia se fuera.
"¡Hermana, ven a jugar otra vez!"
Tras el alegre saludo de Erin, Roselia echó una última mirada a la sonriente niña y se alejó con la sensación de haber resuelto un problema.
Por suerte, incluso despuĆ©s de pagar el cuadro, le quedaba exactamente un berang. Era suficiente para tomar un carruaje en marcha hacia el Ducado. Aunque no habĆa tantos carruajes en fila como en la ciudad, por suerte, habĆa algunos que iban y venĆan entre el Ducado y la capital, asĆ que tomar uno en el camino no serĆa un problema.
Roselia vio un carruaje en marcha a lo lejos y, a toda prisa, corrió hacia él para alcanzarlo.
Planeaba cambiarse de ropa dentro del carruaje. Sin embargo, con las prisas, no vio al hombre que salĆa por un lado y terminó chocando con Ć©l.
"¡Ay! ¡Lo siento! TenĆa prisa..."
TodavĆa recuperando el aliento, Roselia miró al hombre con el que se habĆa topado y se quedó paralizada.
El hombre, vestido con un traje gris oscuro, se palmeaba el costado de la ropa mientras fruncĆa el ceƱo con desagrado. Su rostro le resultaba tan familiar que Roselia se encontró mirĆ”ndolo fijamente, perdiendo momentĆ”neamente el contacto con la realidad.
"EstĆ” bien."
Incluso su tono brusco le resultó demasiado familiar, y como para confirmar sus pensamientos, una voz que conocĆa bien llegó a sus oĆdos desde la distancia.
"¡Su Gracia! ¡El terreno de la escuela estĆ” por aquĆ!"
Era la voz de Alejandro.
Y el hombre frente a ella...
Klaus de Valtezar, el Duque... ¡¿Por quĆ©, de entre todos los lugares?!
¡¿Por quĆ© lleva ese atuendo?!
Al estar segura de que la reconocĆa, el corazón le latĆa con fuerza como si fuera a saltarle. La idea de que la reconociera le secó la boca y le tensó los dedos.
"¿SeƱora?"
La persona con la que chocó permaneció en silencio, incómoda. Fue entonces cuando Klaus, aparentemente desconcertado por la falta de respuesta, bajó la cabeza para examinar su rostro.
Roselia, casi por reflejo, se cubrió la cara con el cuadro que sostenĆa.
Por eso, Klaus, que casi choca con el marco que le ofrecĆan, apartó rĆ”pidamente la cara, frunciendo el ceƱo con irritación.
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