C.C.U.N.T.E.U.C. C50
'¿QuĆ© estĆ”s ocultando?'
Estuve a punto de preguntarlo, pero de alguna manera sentĆ que no debĆa decirlo. La pregunta me hizo sentir como si estuviera cavando mi propia tumba.
Por alguna razón, mi intuición me lo decĆa. Precisamente, era la intuición que habĆa agudizado al leer historias trĆ”gicas y maduras de mi vida pasada.
"No preguntemos."
Al final, desistà de bajarme de los brazos de Theodore. Es mÔs, decidà no retorcerme como él me sugirió.
No pude decir nada por miedo a que Theodore girara la cabeza hacia mĆ instintivamente si hacĆa algĆŗn sonido.
Y Teodoro, rĆgido como una marioneta de madera, no dijo nada.
Hasta que Theodore, abrazÔndome, entró en su dormitorio.
Y lo mismo ocurrió después de que entramos en la habitación.
Yo intentaba desesperadamente no mirar a Theodore a los ojos por vergüenza, y Theodore estaba igualmente desesperado por no mirarme, o mÔs precisamente, por no mirar mi cuerpo.
"Y, puedes bajarme ahora."
Incluso despuĆ©s de entrar en la habitación, Theodore permaneció allĆ, como si no estuviera seguro de quĆ© hacer a continuación.
“Ah, cierto.”
Entonces Theodore finalmente me bajó. Manteniendo el cuello erguido, su mirada estaba fija en algún lugar mÔs allÔ de la ventana.
Tan pronto como mis pies tocaron el suelo, rÔpidamente me giré y me dirigà hacia la puerta que conectaba con mi habitación.
“Jajajaja…”
Contrariamente a mi voluntad, tan pronto como mis piernas tocaron el suelo, se tambalearon como si se hubieran convertido en tentÔculos de pulpo y caà al suelo.
—¡Lenatis!
Theodore, sobresaltado, me miró y luego, igualmente sorprendido, levantó la cabeza.
"Estoy bien. Supongo que mis piernas se rindieron ahora que finalmente me relajƩ".
AgarrƔndome las piernas, que se negaban a sostenerme adecuadamente, dije.
Fue despuƩs de una maƱana de intenso entrenamiento, despuƩs de escapar de un posible secuestrador y despuƩs de correr una distancia considerable de una sola vez.
Después de haber pasado por todo eso, no era extraño que mis piernas cedieran junto con la liberación de la tensión.
—Si te parece bien, ¿puedo quedarme asĆ un rato?
Pedà permiso a Theodore, el dueño de la habitación.
—No, en realidad no estĆ” bien.
Y el dueño de la habitación se negó rotundamente.
“Oh, lo siento. Voy a ir rĆ”pidamente…”
Su negativa tajante casi me hizo llorar y me hizo sentir pena por mĆ misma. ¿No era demasiado duro para alguien que acababa de escapar de una terrible experiencia?
¡Igual que el protagonista masculino sin corazón de una historia trĆ”gica!
-Ruido sordo.
Mientras maldecĆa interiormente a Theodore, algo fue colocado sobre mi cabeza.
Al levantar la vista vi una manta y encima de ella, Theodore todavĆa tenĆa la cabeza vuelta hacia otro lado.
“Si te quedas asĆ te vas a resfriar, ¿quĆ© parte de eso estĆ” bien? Solo cĆŗbrete”.
Ante el comentario indiferente pero cÔlido de Theodore, de repente sentà una oleada de calor en mi rostro.
Le preocupaba que me resfriara, pero tenĆa tanto calor que querĆa abrir una ventana.
"G-gracias."
Incluso mientras expresaba mi agradecimiento, sentĆ una leve calidez en mi voz.
Y pude sentir ese calor extendiĆ©ndose lentamente por toda la habitación, junto con la humedad que se adherĆa a mi camisa.
“…¿De verdad no te hizo nada?”
Ruido sordo.
El comentario de Teodoro rompió el silencio de la habitación llena de humedad y calor.
“Ah, sĆ.”
Mientras asentĆa, la manta que cubrĆa mis hombros tambiĆ©n se sacudió.
"¿En realidad?"
Theodore me preguntó qué era lo que tanto ansiaba confirmar y yo asentà una vez mÔs.
—Supongo que entonces no hay necesidad de matarlo.
"¿QuĆ©?"
Theodore murmuró en voz tan baja que debĆ haberlo escuchado mal. ¿Acababa de mencionar algo sobre matar?
Cuando mirĆ© a Theodore confundido, Ć©l todavĆa estaba mirando hacia otro lado, no hacia mĆ.
Sus lóbulos de las orejas ya no estaban rojos y la expresión nerviosa que habĆa visto antes habĆa desaparecido.
ParecĆa perdido en sus pensamientos, casi luciendo como siempre.
“Um, creo que ya puedo ir a mi habitación.”
Al ponerme de pie, poniendo fuerza en mis piernas, esta vez no se tambalearon como los tentƔculos de un pulpo, sino que estaban firmes en el suelo.
—No. QuĆ©date aquĆ. El instituto aĆŗn no ha venido a informar.
—Vamos, ese tipo fue derrotado por mĆ. No hay forma de que Inst pierda. A estas alturas, ya debe tenerlo bien atado.
“PodrĆa haber otros grupos involucrados”.
“Es poco probable que tantos se unan sólo para secuestrar a una criada como yo”.
“¿Intentaron secuestrarte?”
Theodore frunció el ceño y me preguntó de nuevo.
—Entonces, ¿no era sólo un pervertido que espiaba el baƱo de mujeres?
¿No le habĆa contado eso a Theodore? Parece que no. TenĆa demasiada prisa en informarle que el tipo estaba allĆ.
“SĆ. SabĆa mi nombre y que tengo el pelo rosa. En realidad, eso es todo lo que se necesita para encontrarme”.
La expresión de Theodore se tornó aĆŗn mĆ”s seria ante mis palabras. Quise decirle nuevamente que regresarĆa a mi habitación, pero su expresión era demasiado seria para que pudiera hablar.
Fue el sonido de los golpes lo que rompió la seriedad de la expresión de Theodore para mĆ.
“SeƱor Theodore…”
Ordi, que entró mientras tocaba la puerta, pareció ligeramente sorprendido de verme, pero pronto volvió a su expresión serena habitual y miró a Theodore.
“Hemos capturado al hombre que estaba en el baƱo de las sirvientas. Por ahora, estĆ” atado bajo la vigilancia de Inst. ¿DeberĆamos trasladarlo al edificio principal o serĆa mejor llamar a la guardia de la capital de inmediato?”
—No. LlĆ©venlo al calabozo.
“¿A la mazmorra?”
Ordi preguntó de nuevo, como si la respuesta de Theodore fuera inesperada.
“SĆ, necesito hablar con Ć©l”.
“SĆ, entendido.”
Ordi no discutió mĆ”s e inclinó ligeramente la cabeza para indicar que harĆa lo que decĆa Theodore.
“Y trae algo de tĆ© caliente y ropa de la habitación de Lenatis. Coloca dos guardias… no, cuatro en cada una de las entradas principal y trasera del anexo, la escalera del segundo piso y la entrada a mi habitación”.
"SĆ."
Ordi respondió de inmediato y desapareció para llevar a cabo las tareas que Theodore habĆa mencionado.
“Pronto vendrĆ”n los guardias a vigilar la puerta. TambiĆ©n traerĆ”n tu ropa y un poco de tĆ© caliente”.
Como yo estaba allĆ escuchando cuando habló con Ordi, Theodore me repitió lo que ya sabĆa.
Me miró directamente a los ojos con una expresión seria, como si fuera un hecho muy importante.
“Entonces, ahora puedes relajarte”.
Fue extraƱo.
Para ser honesto, no estaba tan asustado.
Por supuesto, tenĆa miedo. Es natural, considerando que de repente apareció alguien con la intención de secuestrarme.
Pero conociĆ©ndome bien, sabĆa que no me dejarĆan secuestrar fĆ”cilmente.
Yo era mĆ”s fuerte que los tĆos y hermanos del pueblo, y tenĆa el talento de tiro con arco codiciado por Inst, un caballero de noble cuna.
En realidad no fui yo quien se desplomó en el baño sino aquel hombre.
El hecho de que mis piernas se aflojaran antes se debió mÔs a la liberación de tensión que al miedo. Era como el corazón de un campeón después de que terminara un partido crucial.
Al menos eso es lo que pensĆ©. No tenĆa miedo, ni temor, ni ansiedad.
Pero ante las palabras de Theodore, me sentà extrañamente aliviado, como si no me hubiera sentido a gusto antes.
"Ya me lo habĆas dicho antes."
Antes de que pudiera darme cuenta, Theodore se me acercó. Me miró directamente a los ojos y se arrodilló frente a mĆ.
"EstĆ” bien."
¿Le habĆa dicho eso?
Si realmente dije eso, debe haber sido algo que dije sin darme cuenta.
Debo haberlo dicho porque Theodore no se veĆa bien, por el deseo de que estuviera bien.
“Te devolverĆ© esas palabras.”
La gran mano de Theodore descansó suavemente sobre mi cabeza y luego la recorrió suavemente por mi cabello.
Simplemente estaba sintiendo sus dedos mientras miraba a Theodore.
Sus cƔlidos ojos morados, sus labios susurrando suavemente.
"EstĆ” bien."
Su cĆ”lida voz fluyó desde los labios de Theodore hacia mĆ.
La voz que acariciaba suavemente mis dedos serpenteó por mi brazo, deslizÔndose sigilosamente sobre el dorso de mi mano.
La voz de Theodore me tocó el hombro una vez y subió por mi cuello, acariciando suavemente mi mejilla. Con esa voz, ese toque, esa calidez, cerré suavemente los ojos.
"EstĆ” bien."
Una vez mÔs, la mano de Theodore descansó sobre la parte superior de mi cabeza, acariciando lentamente mi cabello.
Y entonces, la voz de Theodore descendió hasta el suelo, haciéndome cosquillas en los dedos de los pies. Su suave voz subió sigilosamente por mis pantorrillas.
La voz que parecĆa permanecer en mis muslos se elevó lentamente de nuevo. DespuĆ©s de acariciar suavemente mi estómago, penetró suavemente en mi interior.
Desde arriba, desde abajo, el eco de su voz se extendĆa, envolvĆa suave y cĆ”lidamente mi cuerpo.
"EstĆ” bien."
PensĆ© que estaba bien, pero no fue asĆ. El hecho de que la voz de Theodore, diciĆ©ndome que todo iba a estar bien, me consolara, lo demuestra.
Fue sólo con la voz de Theodore que realmente me sentà bien.
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